Hoy te presentamos la maravillosa historia de una verdadera artista que ha transformado el mundo en un lugar más hermoso.

Se trata de Anezka Kasparkova, una abuela de 90 años que reside en  Louka, en la República Checa.

Antiguamente agricultora, ahora siembra belleza a su alrededor.

Anezka pasa sus días con un pequeño pincel adornando las ventanas y las paredes de las casas de su pueblo con originales y decorativos diseños.

Usa pintura de un color azul vibrante y un pequeño pincel, y crea patrones florales inspirados en el arte tradicional moravo (región checa).

Cuando le preguntaron por qué lo hacía, la creativa y emprendedora abuela respondió:

“Porque soy una artista”.

Para ella, la edad es solo un número y quedarse con los brazos cruzados no es una opción.

¿Y por qué habría de serlo?

Pero, ¿es el arrojo de la juventud o la capitalización de la experiencia el mejor momento para alcanzar la cúspide de la creatividad?

La respuesta, según los expertos, es compleja.

En la juventud tenemos  la inquietud y la sed de experimentación que caracterizan a esta etapa.

En la madurez, contamos con bases sólidas construidas en la experiencia, así como el refinamiento de la práctica y el aprendizaje del ciclo prueba-error.

Entonces, en ambas etapas de la vida es posible desarrollar plenamente la capacidad creativa.

Existen estudios científicos que prueban que en muchos casos los mejores logros profesionales se alcanzan en edades avanzadas.

Solo cabe señalar que, aunque las pinturas de Anezka Kasparkova no sean consideradas verdaderas obras de arte por las academias, sin duda, son una magnífica y trascendente obra de amor.

En el vídeo que dejamos a tu disposición podrás hacer un recorrido virtual por la obra de esta ejemplar abuela checa, que ha embellecido el mundo a su paso.

 

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Categorías: Historias

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