La sabiduría de las personas que refinan su espíritu supera, por mucho, la intransigencia de quienes son dominados por la ira y el despecho personal.

Fueron muchas las situaciones en las que personajes siniestros pretendieron difamar el buen nombre de los antiguos sabios; no obstante, la respuesta de estos hombres de fe logró romper las malas intenciones de sus contradictores.

Las tretas difamatorias fueron aplicadas en personas como buda Sakiamuni, quien permaneció impasible ante las palabras de una mujer que aseguraba estar embaraza de él.

En cierto momento, cuando la mujer escupía de su boca las ingentes calumnias, las telas que llenaban su barriga cayeron al piso demostrándose así la inocencia del buda que todos conocemos.

Otro de los momentos en donde se intentó desprestigiar a otro hombre de buen corazón, Jesús de Nazaret, fue cuando se le instó a decir que sus seguidores debían pagar impuestos. Al responder afirmativamente le dirían traidor y si lo negaba lo llevarían preso.

Ante tan engañosa treta permaneció en calma y con un corazón sereno respondió: “¿De quién es la moneda?”. Las personas respondieron: “del César”. Frente a esta respuesta Jesús dijo que entonces dieran al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios, dejando de esta manera a sus inquisidores sin ningún argumento para hacerle daño.

Otro de los personajes que mantuvo la compostura en el momento de recibir las más viles calumnias fue Sócrates. Este, en el juicio que desencadenaría su muerte, supo hablar con el respaldo de la verdad y a pesar de ser condenado a la cicuta, siempre ha sido recordado como la víctima de un juicio injusto y taimado.

Te invitamos a ver, en el vídeo de la parte superior, la historia de otro hombre que supo mantener la serenidad en su corazón ante las calumnias de un engañoso y vil contrincante.

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Categorías: Historias

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