Los niños se caracterizan por tener mucha sensibilidad. En plena etapa de expansión y crecimiento, van nutriéndose de su entorno para comprenderlo y poder transitarlo.

Muchos logran conservar esa inocencia que caracteriza a nuestro verdadero ser, como Khloe Thompson, una niña que ha demostrado que la dulzura tiene verdadero poder. Ella solía caminar hacia su escuela y en el trayecto siempre observaba la misma secuencia.

Personas indigentes, en estado de calle, hoy, ayer y mañana probablemente también. Todos los días, rostros repetidos que, de tanto pasar por ahí, se habían vuelto familiares.

¿Qué pensamientos le habrá despertado a Khloe? El sentimiento de incomodidad y tristeza la invadió. Algo debía hacer, así lo sintió.

De este modo, esta condición la inspiró para realizar la iniciativa “Khloe Kares” (a Khloe le importa). Y, así, mejorar en algo la vida de estas personas hundidas en el desamparo y la pobreza.

¿Qué es lo que su corazón generoso les ofreció? Klhoe empezó a coser bolsas de tela y ¿saben con qué las llenó? ¡Con jabón, champú, pasta de dientes y otros artículos de aseo, productos de previa donación que recolectó!

La suciedad de las personas es lo que más le afectó… ¡Qué impresionante!

Algunos quizás optan por comida o ropa. Pero, ella, una niña de tan solo nueve años, rápidamente identificó un mal mayor. La poca higiene, la suciedad, es quizás caer en lo peor.

Cuando Khloe termina de armar sus bolsitas, sale a repartirlas. “A veces me abrazan”, señala, refiriéndose a las personas a las que ayuda. “Otras veces me dicen: ‘Que Dios te bendiga’”. 

¡Por supuesto que sí! En su pequeño gran corazón hay más brillo y claridad que los adultos de hoy.

 

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Categorías: Historias

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