Mike y Emma llevaban 10 años de casados.

Mike estaba cansado de su rutina, de ir a trabajar todos los días, y empezó a compararse con la suerte de su mujer, que se quedaba al cuidado de los niños y el hogar.

Los celos lo invadieron, así que por la noche rezó y le pidió a Dios que quería ser su mujer y que su mujer fuese él.

Dios lo concedió.

Cuando Mike se levantó, estaba precisamente en el cuerpo de Emma.

¡Qué alegría empezar así el día!

Despertó a los niños, los llevó al colegio, debió hacer algunas compras, poner orden y limpiar la casa, preparar el almuerzo, seguir con los quehaceres domésticos y nuevamente la comida.

Sin darse cuenta el día había transcurrido y con ¡cuánta intensidad!

Así que a la mañana siguiente, nuevamente rezó y en su oración le imploró a Dios que volviese todo a como estaba antes.

¡¿Le habrá concedido nuevamente el deseo?!

Todo esto motiva a una reflexión: ¡ojo con aquello que deseamos porque quizás en ese anhelo no haya una real consideración!

¿Qué crees tu?

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Categorías: Historias

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