Stephen Hawking  no era ateo.

No afirmaba enfáticamente que Dios no existía.

Era agnóstico.

Cuestionaba la posibilidad de la existencia de un ser superior.

El agnosticismo sostiene que la existencia o inexistencia de Dios, es algo incognoscible para el Hombre, es algo que no podemos saber.

En su libro más famoso, Breve historia del tiempo (1988), Hawking escribió que si algún día comprendiéramos todas las leyes del universo, llegaríamos a conocer “la mente de Dios”.

Años más tarde, sin embargo, dijo que el universo está gobernado por las leyes de la ciencia, además de sostener que el concepto de “Cielo” es un mito, una historia creada para las personas que “tienen miedo a la oscuridad”.

Tampoco creía en la vida después de la muerte.

En el libro ‘El gran diseño’,  declaró que el Universo salió de la nada, de forma espontánea, como consecuencia inevitable de las leyes de la física.

Según el famoso astrofísico,  Dios no era necesario para explicar el origen de todo.

En su biografía titulada Hacia el infinito,  donde describe los 25 años de matrimonio con el célebre científico, Jane Hawking expresa:

“Yo entendía las razones del ateísmo de Stephen, porque si a la edad de 21 años a una persona se le diagnostica una enfermedad tan terrible, ¿va a creer en un Dios bueno?”

“Yo creo que no”, admite Jane.

“Pero yo necesitaba mi fe, porque me dio el apoyo y el consuelo necesarios para poder continuar.

Sin mi fe, no habría tenido nada, salvo la ayuda de mis padres y de algunos amigos“.

El amor entre Jane y Stephen Hawking comenzó en 1963.

Poco después se le diagnosticó a Stephen la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), un trastorno neurodegenerativo que generalmente suele condenar a sus víctimas a una esperanza de vida de dos o tres años, como máximo..

“Era un desafío, pero yo creía que juntos podríamos vencer a la enfermedad”, recuerda Jane.

También confiesa que se apoyó en su fe para ayudar a su esposo en su difícil enfermedad,  que progresivamente fue limitando la respuesta muscular del brillante físico.

En una ocasión, se negó a que los médicos desconectaran la respiración artificial.

Los médicos no tuvieron más remedio que llevar a cabo una traqueotomía, una operación que le salvó la vida al científico pero también le dejó sin habla.

Desde entonces, se comunicó con la legendaria voz robótica de su sintetizador.

En todo caso, Jane no se equivocó cuando tomó la decisión de mantener vivo a su marido a toda costa.

Contra todo pronóstico, Stephen Hawking vivió hasta los 76 años.

Hasta el último instante de su vida pensó, teorizó y fraguó brillantes y novedosas teorías sobre el Universo y sus infinitas posibilidades.

Jane se mantuvo junto a  Hawking a lo largo de 35 años.

Durante años se encargó de cuidar ella sola a su marido, además de criar a sus tres niños: Robert, Lucy y Tim.

¿Fue el amor de Jane lo que lo mantuvo vivo?

(Aunque se divorciaron y Stephen volvió a casarse -y a divorciarse-,  mantuvieron una estrecha relación hasta el final).

¿Quizás, fue su fe en un Dios en el que el astrofísico no creía?

¿O fue Dios, que sí creía en Stephen Hawking?

 

“Su sonrisa mientras flotaba en ingrávida liberación me conmovió profundamente, y me indujo a reflexionar sobre el gran privilegio que fue viajar con él, aunque fuera una corta distancia, hacia el infinito”.

                                                                                                        Jane Hawking

videoPlayerId=9922f99ae

Ad will display in 09 seconds
Share
Categorías: Estrellas

Video Destacados

Ad will display in 09 seconds

DESTACADAS Ver más