Kathryn O’Bara ha sido un ejemplo de madre. Durante 38 años, hasta el último aliento, estuvo cuidando de su hija, Edwarda, mientras permanecía en un estado de coma.

Le había prometido que nunca la abandonaría y esa palabra se convirtió en misericordia y verdad.

Kathryn solo dormía siestas de 75 minutos y estaba presente en todo momento para poder asistir a Edwarda.

La cambiaba, la alimentaba y le aplicaba la insulina cada dos horas. Lo que hiciera falta.

“Dios me ha dado la fuerza para cuidar de Edwarda enviando ángeles de muchas formas”, decía Kathryn, siempre positiva y esperanzada.

El Dr. Chaykin la trató a Edwarda amablemente sin cobrarle nada.

Miles de personas empezaron a peregrinar a su casa, era tanta la compasión que Kathryn despertaba, que empujaba a la espiritualidad a su alrededor…

“Tal vez Dios tenía una razón mayor para que mantuviésemos a Edwarda con vida, aún en estado de coma”, decía el Dr. Chaykin.

En 1981, una persona llamó diciendo que iba a sacarlos de ese estado miserable y después dispararon 3 tiros contra la casa.

Afortunadamente, nadie resultó herido, quizás quedando de manifiesto que en este mundo cuando hay acciones nobles, también hay pruebas oscuras que van a querer tapar esa luz…

¡Pero el amor verdadero no tiene límites!

Aún en la misma dificultad y sacrificio, siempre va a brindar finales felices.

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Categorías: Historias

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