Cuando vemos una foto de nuestra infancia nos damos cuenta de ¡cómo hemos cambiado! Por supuesto, las facciones se mantienen y el espíritu es el mismo, pero el paso del tiempo es evidente.

Solemos tener más registro de estos cambios cuando somos adultos y llegan algunas arruguitas, se adelgaza la piel, aparecen las manchas por el sol… cuando nos damos cuenta que el tiempo es limitado y el rostro también da cuenta de ello.

Pero los cambios más drásticos son, en realidad, durante la transición de ser un bebé hasta la adolescencia. Sobre todo en los primeros años, la transformación es asombrosas.

La carita de un bebé es tan radiante que tiene un encanto especial. Uno no puede dejar de mirar con ternura a un bebé. Un aura de inocencia lo envuelve y hace que todo en él sea un reflejo de ternura y fragilidad.

A partir de los 4 años, la piel de un niño no es tan delgada pero sigue siendo muy delicada. Para ese entonces, las facciones del rostro empiezan a tomar cada vez mayo personalidad.

A partir de los 8 años, también nos encontramos con una etapa de transición marcada. Ya no es el niño dependiente, ahora comprenderá que también tiene su propia mirada.

A partir de los 12, la preadolescencia y el umbral hacia el mundo de la juventud, los cambios vienen abruptamente y el semblante por momentos es niño, por otros, ya es maduro.

¡Y en la adolescencia los cambios son decisivos! Qué momentos de intensidad, ¿cierto? La juventud en su plenitud es una energía difícil de contener.

En el video a continuación, te encontrarás con una compilación de imágenes y fotografías de una misma persona desde que era bebé hasta los 18 años de edad.

Lo preparó metódicamente la madre de la niña para regalárselo a su marido, el padre de la joven. ¡Qué emoción tan grande ver todo ese tiempo transcurrido!

Así es la vida… Solo un suspiro y a veces no reparamos en ello. Este video tiene la fuerza del empuje del crecimiento y de la misma expansión que llevamos dentro.

También nos invita a la reflexión, de lo efímeros que somos y del instante que ya pasó. ¡Momentos venideros también se aproximan!

En este punto, una pregunta: ¿hacia dónde vamos? En nosotros también habita el adolescente, el niño y el bebé, nuestro ser en su estado más puro. 

¡Estando vivos aun podemos recuperar esa mirada y lo esencial de nuestro interior! 

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Categorías: Vida

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