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Sin dudas, este cartero del Servicio Postal de los EE.UU. le hace honor al lema no oficial de la agencia. En este caso, no fue la lluvia, la nieve o las noches oscuras, sino las consecuencias del incendio las que no pudieron impedir que cumpla una promesa.

Las imágenes capturadas por un drone manejado por Douglas Thorn, muestran al conocido camión de la USPS conduciendo por un barrio de Santa Rosa, California, que en muchos lugares ha sido reducido a sus cimientos como consecuencia de los incendios. La blancura del camión contrasta con los restos carbonizados y cenicientos de las casas, por no hablar del humo suspendido en el aire, un recuerdo flotante y etéreo de los incendios.

La escena parece casi apocalíptica. El plano general tomado desde el drone muestra árboles y automóviles quemados junto a propiedades que han sido reducidas a cenizas. La naturaleza arbitraria de la devastación se hace más clara cuando vemos casas y céspedes intactos que miran lo que quedó de aquellas casa devastadas de las que solo los separa una calle residencial de dos carriles.

Y aún así, el correo se entrega en esas direcciones por deseo de los dueños. En una declaración emitida por la responsable del distrito de San Francisco, se explica por qué el cartero continuaba haciendo las entregas:

“Este es un ejemplo de la larga relación que se ha establecido entre nuestros carteros y sus clientes que se basa en la confianza. El cartero en cuestión estaba honrando la petición de unos pocos clientes a los que se les permitía regresar a la zona del incendio para recuperar artículos personales. Algunos clientes le pidieron al cartero que dejara el correo (si es que el buzón seguía en pie) porque no podían ir a retirarlo al anexo”.

Es un servicio, una promesa de regularidad y normalidad después de un evento que no fue ninguna de esas cosas.

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Categorías: Vida

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